Probablemente lo único que nos hace falta para vivir es una meta, y por el contrario a quienes carecen de ella , parece que se les niega el mismo derecho a la vida, como si algo en nuestro interior nos impulsara a desarrollarnos exteriormente más allá de las fronteras que nos impone nuestra prisión de carne, grasa, músculos, órganos y huesos. Es la primera evidencia con la que nos encontramos en nuestras vidas, y probablemente la última: al ser humano no le es suficiente su propia existencia, necesita trascenderla.