miércoles, 27 de agosto de 2008

Las cadenas de la libertad


La muerte de Dios fue proclamada hace tiempo como el triunfo de unos pocos que soñaban con un mundo distinto, como una oportunidad brindada a la humanidad para reflexionar sobre su propio destinto y tomar parte activa en él. Sin embargo, los años han pasado y la muerte del hombre parece haber seguido a la de Dios, como única consecuencia posible. Los falsos ídolos se han instalado en los altares vacíos, las viejas idolatrías son sustituidas por otras nuevas y el hombre muere sin remedio.


Hombres ni siquiera liberados que declaran ser libres, ni siquiera hombres, que levantan nuevos templos en honor de la libertad, de su libertad, de esa palabra tan usada hoy en día, una palabra con tantos significados que ha acabado por perder toda credibilidad.


Aparta la mirada un segundo de ti mismo y contempla el mundo que te rodea. Llena tus pulmones del aire ensuciado por las mentiras, por la dialéctica podrida e inmovilista que nos domina. Esclavo de cadenas invisibles encerrado en una prisión sin llave, siéntete libre por una vez para decir que no eres libre.