domingo, 31 de agosto de 2008

Los asesinos del Alma

Carniceros del alma, conserváis el cuerpo más tiempo para así poder más fácilmente matar el espíritu. Todo aquello en lo que alguna vez creímos ya no tiene ningún sentido, todo aquello que el hombre un día fue, hace tiempo que dejo de existir. Ecos corruptos de un pasado que se pudre.


Hombres degradados al estatus de máquinas pensantes, a veces malpensantes, a veces no pensantes, y en la mayoría de las ocasiones mera materia combustible, desechos inservibles, despojos del pasado, de una civilización. De vuestra civilización. La sociedad que vosotros mismos habéis creado. La misma que todos nosotros hemos creado y ahora nos destruye. La misma que no podemos destruir. Ese mismo ente carnívoro y carnicero, carroñero de almas humanas.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Las cadenas de la libertad


La muerte de Dios fue proclamada hace tiempo como el triunfo de unos pocos que soñaban con un mundo distinto, como una oportunidad brindada a la humanidad para reflexionar sobre su propio destinto y tomar parte activa en él. Sin embargo, los años han pasado y la muerte del hombre parece haber seguido a la de Dios, como única consecuencia posible. Los falsos ídolos se han instalado en los altares vacíos, las viejas idolatrías son sustituidas por otras nuevas y el hombre muere sin remedio.


Hombres ni siquiera liberados que declaran ser libres, ni siquiera hombres, que levantan nuevos templos en honor de la libertad, de su libertad, de esa palabra tan usada hoy en día, una palabra con tantos significados que ha acabado por perder toda credibilidad.


Aparta la mirada un segundo de ti mismo y contempla el mundo que te rodea. Llena tus pulmones del aire ensuciado por las mentiras, por la dialéctica podrida e inmovilista que nos domina. Esclavo de cadenas invisibles encerrado en una prisión sin llave, siéntete libre por una vez para decir que no eres libre.

martes, 26 de agosto de 2008

Retazos de lo Incompleto

Como una especie de recordatorio de que aquello que tienes que hacer, lo tienes que hacer. Y lo tienes que hacer ya. Cada escrito, cada pedazo de papel inconexo es una pequeña parte de una gran verdad que lucha por salir de lo más profundo. Una agonía dialéctica con uno mismo en la que las pequeñas contradicciones van cobrando un sentido. Como parte de un todo, como piezas de un puzzle incompleto.


Somos portadores de un mensaje escondido. Un porqué, un sentido… una dirección y una meta. La búsqueda consiste en acercarnos paso a paso a su conocimiento. Despertar lo latente, provocar un pequeño terremoto que desentierre los cimientos olvidados de una ciudad perdida. Nuestra ciudad perdida, nuestra Atlántida olvidada.