miércoles, 1 de abril de 2009

Dualidad y Vértigo

Hay tardes radiantes donde el espíritu brilla con fuerza propia, y te ves inundado por una energía incontenible que te infunde invulnerabilidad. Y noches donde la lluvia del silencio se sostiene indefinidamente, sin esperar una réplica, vaciando de sonidos aquellos lugares que luego se llenan de recuerdos y de pensamientos peregrinos.

Qué amarga es la espera de lo que eternamente está por venir, ése cambio que nunca acaba de llegar del todo y cuya naturaleza aún desconozco. Por primera vez en mucho tiempo me estoy dejando seducir por la idea del vértigo, la eterna seducción de mirar al abismo en el que tarde o temprano sabes que vas a caer, amar ese deseo y desear caer. Y lo más curioso es que cuando caemos nunca retrocedemos, simplemente dejamos de ascender, sería interesante comprobar hasta dónde podemos descender.